Intolerancia a la lactosa. Guía de supervivencia.

La importancia de la intolerancia a la lactosa en el panorama mundial ha aumentado significativamente en los últimos años. Si bien es cierto que no es algo nuevo, la conciencia general sobre las alergias e intolerancias alimentarias ha hecho que cada vez le prestemos más atención. De hecho, es una situación que observamos con bastante frecuencia en nuestras consultas.

Cuando nacemos la leche es nuestra principal fuente de nutrientes, por lo que la capacidad que tenemos para asimilarla en este momento es máxima. A medida que nos desarrollamos y tenemos acceso a otros alimentos, la capacidad para procesar los lácteos se va perdiendo de forma natural. Por lo tanto, es importante aclarar que tanto la intolerancia como la malabsorción de lactosa no son una enfermedad como tal.

El motivo por el cual algunas personas toleran mejor que otras la lactosa lo encontramos en nuestros genes, que pueden condicionar la persistencia o no de la enzima necesaria para procesar los lácteos. De esta forma, la intolerancia a la lactosa es consecuencia directa de la evolución del ser humano, habiendo participado hasta los antropólogos en su estudio.

Por todo esto, es importante que conozcamos sus posibles síntomas, saber cuándo nos tenemos que preocupar y que podemos hacer para mejorar. Además, responderemos también la pregunta del millón “¿no puedo tomar nada de leche ni lácteos?… ¡con lo que me gustan!”

Intolerancia lactosa

¿Qué es la lactosa?

La leche y sus derivados, como el yogurt o el queso, son una fuente importante de nutrientes, formando parte de la dieta habitual en muchos países. Uno de sus principales componentes es la lactosa. Esta proporciona la mayoría de hidratos de carbono que necesitan los lactantes y contribuye en parte a completar el aporte calórico en los adultos.

Para poder procesarla y que se absorba en nuestro intestino es necesaria la presencia de la enzima lactasa. Al nacimiento es cuando tenemos mayor cantidad y se va perdiendo al hacernos mayores, siendo esta la evolución normal en la mayoría de los mamíferos, cuyo objetivo es favorecer el destete.

La lactosa es característica de la leche de los mamíferos, estando presente en todos, con la curiosa excepción de la morsa y del león marino, donde se sustituye por mayor cantidad de grasa. Para que nos hagamos una idea, la leche de vaca contiene 5 gramos de lactosa por cada 100 ml. Por otro lado, también puede encontrarse en productos que nada tienen que ver con los lácteos. Entre ellos, la lactosa en polvo, utilizada como aditivo en la industria alimentaria para mejorar la textura y el sabor de los alimentos, o en los medicamentos, donde se ha empleado como excipiente.

Productos lactosa

Se calcula que en Europa el consumo de productos lácteos aporta un 14% de la energía diaria, aunque su consumo ha disminuido en los últimos años. Por el contrario en Asia, África o América del Sur, representa un 4% de la ingesta energética, pero su consumo va en aumento.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

La intolerancia a la lactosa es un síndrome clínico en el que la ingesta de productos lácteos provoca síntomas. Los más frecuentes son dolor abdominal, hinchazón, diarrea, flatulencias y náuseas. En los adolescentes pueden aparecer vómitos, mientras que en los adultos, a diferencia de los niños, la diarrea no es el síntoma predominante. Puede estar asociada o no a malabsorción.

La malabsorción de lactosa se refiere a cualquier causa que altere la digestión y absorción normal de esta.

Por último, el déficit de lactasa se produce cuando esta enzima es insuficiente para conseguir la digestión correcta de la lactosa. Sus niveles varían en función de la edad y la genética de cada persona, aunque en general suelen ser bajos en la población normal. Condiciona una malabsorción primaria cuando déficit es genético o secundaria si es por otras causas.

Sintomas intolerancia lactosa

Datos demográficos

Sabemos que al menos un 68% de la población mundial tiene déficit de la enzima lactasa. Se ha descrito en la mayoría de regiones, afectando a personas de cualquier raza, aunque con algunas variaciones entre ellas. Por ejemplo, es menos frecuente en los europeos del norte y del centro, así como en sus descendientes americanos. Por el contrario en los europeos mediterráneos, hispanos, asiáticos o africanos la frecuencia es mayor.

En los países escandinavos como Dinamarca, donde afecta a menos de un 5% de la población, la gente obtiene gran parte de la vitamina D a través de estos alimentos, dada la falta de luz solar. Además, como curiosidad, según varios estudios parece que las comunidades que han mantenido una tolerancia normal a la lactosa tienen mayor altura y densidad ósea.

Respecto a la edad, el riesgo de presentarlo aumenta según nos hacemos mayores debido la pérdida progresiva de la actividad de la enzima lactasa, responsable de su absorción. De esta forma, en menores de 1 año es muy raro que aparezca, dado que la leche suele ser su alimento principal.  

Lactancia infantil

Por último, respecto a la intolerancia a la lactosa, dado que el diagnóstico es puramente clínico y puede asociarse o no a la intolerancia, es difícil saber a qué porcentaje de población afecta.

¿Por qué se produce la intolerancia a la lactosa?

Como comentábamos previamente, el motivo de que tengamos o no malabsorción depende principalmente de nuestros genes. Por el contrario, la intolerancia a la lactosa se relaciona con la capacidad que tenemos para digerir productos lácteos y con la percepción de los síntomas dependiendo de nuestra sensibilidad intestinal. Por lo tanto, se pueden tener síntomas a pesar de que nuestro cuerpo digiera bien los lácteos.

La intolerancia también se ha relacionado con la ansiedad, el estrés y otros trastornos del tubo digestivo.

Volviendo a la malabsorción, esta viene condicionada por la actividad de la enzima lactasa. Se localiza en las vellosidades mucosas del intestino delgado, donde ayuda a digerir la lactosa. La que no se logra absorber aquí llega al colon, pudiendo ser hasta un 75% del total ingerido. En el colon las bacterias se encargan de fermentarla, generando gases que son responsables en gran medida de los síntomas asociados a la intolerancia, como la distensión abdominal o las flatulencias.

Por otro lado, en algunas personas la flora bacteriana del colon puede adaptarse al consumo continuado de lactosa, mejorando la frecuencia e intensidad de los síntomas. Esto se ha relacionado principalmente con la presencia de Bifidobacterias y Lactobacilos.

Causas de malabsorción de lactosa

Recordamos que la existencia de malabsorción no siempre va acompañada de intolerancia a la lactosa, aunque hay que tenerla en cuenta a la hora de hacer un diagnóstico.

Malabsorción primaria

La causa más frecuente es la pérdida de la actividad de la enzima lactosa con la edad. Esto viene determinado por la evolución genética y nuestros hábitos de vida.

De hecho, a raíz del estudio del ADN de esqueletos prehistóricos sabemos que la mutación que condicionó la persistencia de lactasa en el ser humano se originó al menos hace 10.500 años en la región de Anatolia (actual Turquía), coincidiendo con el proceso de domesticación de los animales, y desde allí se extendió por Europa y África. Se considera que la persistencia de la enzima lactasa confirió una ventaja evolutiva a estas comunidades de hasta un 4 – 5% por generación respecto a las que no la tenían.

Genes

Otras causas más raras son:

  • Déficit congénito de lactasa: es un trastorno genético que aparece desde el nacimiento y condiciona la ausencia de la enzima. Se caracteriza por la presencia de diarrea y exceso de calcio, que puede acumularse en los riñones.
  • Deficiencia en el desarrollo de lactasa: esta situación se da en bebés prematuros que nacen antes de la semana 32. Es debido a que la actividad de la enzima lactasa aumenta en las etapas finales de la gestación. Por lo tanto su intestino aún no está completamente preparado para asimilar la leche, pudiendo tener síntomas de diarrea y desnutrición.

Malabsorción secundaria

Se relaciona con diversas enfermedades que afectan al intestino delgado, alterando la mucosa y por tanto su capacidad de absorción.

Entre las principales causas relacionadas tenemos la enfermedad celiaca, la enfermedad inflamatoria intestinal (especialmente la enfermedad de Crohn) o una inflamación intestinal secundaria a fármacos o radioterapia (enteritis rádica).

Desde el punto de vista infeccioso se han relacionado sobre todo la Giardia (un parásito) y el sobrecrecimiento bacteriano. Este último puede dar síntomas de intolerancia, aunque no provoca malabsorción, siendo típico que la clínica aparezca entre 15 – 30 minutos tras la ingesta de lácteos.

¿Cómo se diagnostica la intolerancia a la lactosa?

Para poder diagnosticar una intolerancia a la lactosa necesitamos que existan síntomas, siendo típico que aparezcan a las pocas horas de consumir productos lácteos. De hecho la forma más rápida de saberlo es suspendiendo la ingesta de lactosa. Si la clínica se resuelve a los pocos días de dejar de consumirla tendríamos la causa. En caso contrario sería necesario pensar en otros motivos.

Si además sospechamos que está relacionada con una malabsorción, podemos realizar pruebas para evaluar la actividad de la enzima lactasa. También hay que valorar causas secundarias, ya sean inflamatorias o infecciosas en función de la sospecha.

Test de hidrógeno para malabsorción

Este test mide la malabsorción de lactosa calculando los niveles de hidrógeno en una muestra de aire. Se basa en el principio de que la lactosa no absorbida en el intestino delgado pasa al colon, donde es fermentada por las bacterias, produciendo hidrógeno que en parte se elimina por vía respiratoria.

Se realiza en ayunas, ingiriendo previamente una dosis establecida de lactosa. Posteriormente, a intervalos de 30 minutos y durante 3 o 4 horas tras la ingesta se van recogiendo las muestras, aunque en algunos centros se recogen únicamente a los 0, 90, 120 y 180 minutos.

Además, si aparecen síntomas mientras se realiza, nos serviría para diagnosticar una intolerancia a lactosa asociada.

Otras opciones

  • Biopsias de intestino delgado: precisa realizar una gastroscopia para tomar muestras. No está indicado realizarla exclusivamente para diagnosticar la intolerancia y puede detectar causas de malabsorción secundaria.
  • Test genético: no se hace de rutina. Además no detecta causas de malabsorción secundaria.

¿Cómo se trata la intolerancia a la lactosa?

El objetivo del tratamiento en la intolerancia a la lactosa es conseguir que desaparezcan los síntomas. Si además hemos identificado una causa que provoque malabsorción, debemos tratarla para intentar recuperar la actividad de la enzima lactasa. Es importante tener en cuenta que la función puede tardar varios meses en volver a ser normal, aunque los síntomas se resuelven rápido.

Prohibido lactosa

La principal medida a seguir en la intolerancia es limitar la ingesta de lactosa, sin embargo esto no siempre es sencillo. Por un lado las etiquetas de los alimentos no indican la cantidad de lactosa que contienen. Además, desde el punto de vista nutricional, los productos lácteos proporcionan más calcio, vitamina D o proteínas por caloría que cualquier otro alimento en la dieta de un adulto. Por lo tanto, no debemos retirarlos del todo.

Restricción dietética de lactosa

Es el tratamiento más efectivo, mejorando habitualmente los síntomas a los 5 – 7 días de retirar la leche y productos derivados. Al principio de la dieta sin lactosa es importante ser muy restrictivos. Una vez hemos mejorado podemos ir probando a reintroducir pequeñas cantidades para valorar la tolerancia que tenemos. 

De entrada recomendamos comenzar con 30 – 60 ml de leche al día e ir aumentando la cantidad poco a poco, por lo que si éramos fans de estos productos el autocontrol es fundamental.

 La mayoría de la gente puede tomar al menos 12 gramos de lactosa al día, que equivalen a unos 250 ml de leche, sin presentar ningún síntoma. Esta cantidad puede ser incluso mayor si se consume con otros alimentos, especialmente grasos, pues se piensa que así pasa más lentamente por el intestino, disponiendo de mayor tiempo para absorberse. Siguiendo este mismo principio es mejor tomar leche entera que desnatada. Además, se tolera mejor el consumo continuo que el consumo intermitente.

Leche

Las mayores concentraciones de lactosa se encuentran en la leche, siendo menor en los productos fermentados como el queso o el yogurt.

Actualmente hay muchos alimentos con bajo contenido en lactosa o directamente sin lactosa, facilitando el cumplimiento, con la ventaja de que aunque carezcan de esta, siguen teniendo el resto de elementos nutricionales de los lácteos.

Por último, en algunos medicamentos la lactosa se usa como aditivo, aunque en cantidades minúsculas, por lo que su consumo no debería producir síntomas. Los anuncios que promocionan medicamentos sin lactosa carecen de base científica y pueden causar confusión en la relación entre lactosa y síntomas.

Suplementos de lactasa

Existen suplementos de enzimas que pueden tomarse por vía oral junto a alimentos que contienen lactosa. Estas preparaciones pueden ayudar a mejorar los síntomas en pacientes con intolerancia muy marcada que quieren seguir tomando lácteos en pequeñas cantidades.

Las preparaciones disponibles en el mercado son variadas tanto en su presentación como en el efecto clínico que consiguen, siendo generalmente discreto, por lo que no podemos recomendar ninguna en concreto.

Probióticos en la intolerancia a la lactosa

Se ha propuesto el uso de probióticos con Lactobacilos y Bifidobacterias para intentar mejorar los síntomas y la tolerancia a lácteos. Esto se basa en que algunas personas con déficit de la enzima lactasa pueden seguir consumiéndolos al haberse adaptado su flora bacteriana.

Sin embargo, aunque parece que pueden tener un efecto positivo, se necesitan estudios de mayor calidad y con más participantes para poder recomendarlo con seguridad.

Probioticos

Calcio y vitamina D en la intolerancia a la lactosa

Es caso de vernos obligados a retirar los lácteos de la dieta por intolerancia extrema, deberemos controlar los niveles de calcio y vitamina D con analíticas periódicas.

Es recomendable tomar alimentos ricos en estos elementos. Por ejemplo, los vegetales de hoja verde aportan calcio, aunque menos que la leche, así como las bebidas de soja. En caso de no lograr alcanzar los niveles adecuados con la dieta será necesario tomar suplementos.

Nuestro consejo

La intolerancia a la lactosa y la malabsorción tienen gran importancia en el panorama clínico actual. La leche y sus derivados son una fuente fundamental de energía en la dieta de muchos países, sin embargo nuestro organismo no siempre está preparado para asimilarla correctamente.

En caso de presentar síntomas abdominales relacionados con su consumo podemos dejar de tomarla y ver como evolucionamos. Si mejoramos tendremos que intentar reintroducirla en pequeñas cantidades, pero si no lo mejor será contactar con un médico y valorar la necesidad de ampliar el estudio o seguir otras medidas. 

Fuentes

Update on lactose malabsorption and intolerance: pathogenesis, diagnosis and clinical management. Gut. Agosto 2019.

Lactose digestion in humans: intestinal lactase appears to be constitutive whereas the colonic microbiome is adaptable. The American Journal of Clinical Nutrition. Agosto 2019.

Lactose Intolerance, Dairy Avoidance, and Treatment Options. Nutritiens. Diciembre 2018.

Lactose Maldigestion, Malabsorption, and Intolerance: A Comprehensive Review with a Focus on Current Management and Future Perspectives. Nutritiens. Noviembre 2018.

Country, regional, and global estimates for lactose malabsorption in adults: a systematic review and meta-analysis. The Lancet. Octubre 2017.

On the Evolution of Lactase Persistence in Humans. Annual Review of Genomics and Human Genetics. Agosto 2017.

What is normal and abnormal in lactose digestion? The Lancet. Julio 2017.

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