Hígado graso, la nueva pandemia

La enfermedad por hígado graso amenaza con transformarse en un grave problema para salud en los próximos años. De hecho, con el permiso del indeseado coronavirus que se ha colado en la fiesta sanitaria a última hora, podríamos afirmar que es la nueva pandemia del siglo XXI. También hay quien lo considera el nuevo paradigma de la hepatología tras el descenso de casos de hepatitis C.

El motivo de esta preocupación es más sencillo de lo que parece, especialmente en los países occidentales. No tenemos que buscar complicadas mutaciones, extraños virus o intoxicaciones místicas. Los principales responsables de esta enfermedad somos nosotros mismos, los seres humanos. Esto se debe a la relación directa que tiene la aparición de grasa en el hígado con nuestro tipo de dieta y estilo de vida. Por ejemplo, las prisas, la comida rápida, la dedicación laboral, los alimentos industriales, comer más de lo que necesitamos, no hacer un mínimo de ejercicio ni caminar lo suficiente… todos ellos son factores de riesgo que contribuyen en su aparición y desarrollo.

Dieta favorece higado graso

Podríamos compararnos con los patos que ceban para hacer fuagrás. Nuestros hígados se van rellenando de grasa, deteriorando su función hasta tal punto que puede tener graves con graves consecuencias para la salud.

Hay que tener en cuenta que los pacientes con hígado graso tienen mayor mortalidad respecto a la población normal, aumentando de forma proporcional a medida que avanza la enfermedad. Sin embargo, la patología cardiovascular suele ser el principal motivo, por encima de la afectación hepática.

Por lo tanto debemos estar alerta, puesto que es una enfermedad cuya frecuencia va en aumento y supone un riesgo para la salud nada despreciable. Sin embargo la forma de ponerle remedio es bastante sencilla, el truco solo está en… ¡cuidarnos!

¿Qué es la enfermedad por hígado graso?

Su propio nombre, enfermedad por hígado graso, no solo da pistas, sino que prácticamente resuelve el misterio. En efecto esta enfermedad se debe al depósito y acúmulo de grasa en el hígado, conocido científicamente como esteatosis hepática. Esta situación puede deteriorar la función normal del órgano, provocando alteraciones analíticas en las fases iniciales o complicaciones más importantes si la enfermedad progresa.

Por otra parte, aunque el hígado graso se puede dar en varias enfermedades, cuando no se relaciona con ninguna nos referimos a ella como enfermedad por hígado graso no alcohólico. Si progresa y aparecen datos de inflamación hepática entonces la llamamos esteatohepatitis no alcohólica.

Evolucion higado graso

A nivel mundial parece que puede afectar de media hasta un 20% de la población, aunque estos datos obviamente varían mucho entre países. Por ejemplo en Estados Unidos hasta un 30% de las personas pueden tener hígado graso, mientras que en países de Asia o África las cifras son mucho menores. También se ha visto que estos datos se han ido incrementando progresivamente con el paso de las décadas. Por lo tanto, si no hacemos algo para cambiarlo las cifras seguirán aumentando.

Por otro lado, un 4% de pacientes con hígado graso y hasta un 20% en caso de inflación (esteatohepatitis) progresa lo suficiente como para alcanzar la etapa final de la enfermedad, la cirrosis. En este punto se ha destruido gran parte del tejido normal hepático y ha sido sustituido por tejido fibroso, dificultando enormemente la función normal del hígado y aumentando de forma importante el riesgo de presentar complicaciones, incluido el riesgo de desarrollar un cáncer.

Por lo tanto, si no establecemos ninguna medida la evolución natural sería: enfermedad por hígado graso – Esteatohepatitis – Cirrosis – Cáncer de hígado.

¿Por qué se produce la esteatosis hepática?

Como ya hemos comentado, la esteatosis hepática se debe al acúmulo de lípidos o grasas a nivel del hígado. Parece que la causa principal en la mayoría de los casos es un aumento de la resistencia a la insulina, cuyo origen puede ser genético o secundario a nuestros hábitos de vida. Esto provoca que se fabriquen más lípidos en nuestro cuerpo y que se depositen en el tejido hepático.

El motivo por el que los pacientes desarrollan inflamación o esteatohepatitis no está claro, aunque parece que tiene relación directa con el grado de grasa depositado y el desarrollo de fibrosis que provocaría.

La aparición de hígado graso se relaciona también con otras enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo II, la hipertensión arterial o la dislipemia (alteración de los niveles de grasa en la sangre). Cuantas más asocie, mayor será el riesgo de progresión hacia cirrosis.

Sobrepeso

Otras situaciones donde puede presentarse son ante una pérdida rápida de peso, sobrealimentación, pacientes con nutrición parenteral (nutrición externa por una vena) o una disminución en los transportadores de la grasa (lipoproteinas VLDL) que puede tener un origen genético.

¿El hígado graso causa síntomas?

La mayoría de los pacientes que tienen hígado graso se encuentran asintomáticos. De hecho lo más frecuente es que se sospeche por la aparición de alteraciones en una analítica rutinaria. Si la enfermedad progresa y aparece inflamación (esteatohepatitis) es posible que aparezca fatiga, malestar o molestias en la parte superior derecha del abdomen.

En cuanto a la exploración física también suele ser normal, aunque en algunos casos se puede notar un aumento del tamaño hepático (hepatomegalia).

¿Cómo se diagnostica la enfermedad por hígado graso?

La situación más común por la que los pacientes acuden a consulta suele ser a raíz del hallazgo casual de alteraciones analíticas relacionadas con un aumento de las enzimas hepáticas (transaminasas). De hecho, la enfermedad por hígado graso es su causa más frecuente. Es muy típico que la visita comience con “me han mandado por no sé qué del hígado, pero yo me encuentro bien”.

Teniendo esto en cuenta, lo primero que debemos hacer es una buena historia clínica, preguntando sobre todo por la alimentación y los hábitos de vida, haciendo hincapié en el consumo de alcohol. También es importante conocer si padece otras enfermedades que puedan favorecer la enfermedad, como las comentadas con anterioridad. 

Una vez tenemos todos los datos nos planteamos realizar pruebas adicionales. Generalmente una analítica ampliada para descartar otras enfermedades hepáticas y una ecografía abdominal. Además, si se dispone de ella, podría solicitarse una prueba que determina el grado de fibrosis hepática, conocida como fibroscan.

Para poder llegar al diagnóstico definitivo de enfermedad por hígado graso no alcohólico necesitamos que se cumplan las siguientes condiciones:

  • Demostrar la existencia de grasa en el hígado, ya sea con pruebas de imagen o una biopsia.
  • Excluir el consumo excesivo de alcohol
  • Descartar otras enfermedades hepáticas
  • Excluir otras causas que puedan provocar hígado graso

Analítica

Al inicio del estudio es la prueba más importante, permitiéndonos valorar rápidamente y de forma sencilla un gran número de situaciones que pueden alterar la función hepática.

Analitica

Las enzimas relacionadas directamente con el hígado (ALT y AST) son las que se alteran con mayor frecuencia, siendo raro que aumenten las relacionadas con la vía biliar (GGT y fosfatasa alcalina), al menos en las fases iniciales de la enfermedad.

El nivel de enzimas en la analítica no orienta sobre la gravedad del cuadro, ni tampoco nos dice si existen inflación o fibrosis. Además, aunque sean normales puede haber daño en el tejido hepático.

Es típico también que encontrar elevada la ferritina (es la proteína encargada de almacenar y transportar el hierro). Parece que actúa como marcador de inflamación, pudiendo relacionarse con la aparición de fibrosis en el hígado si sus niveles son muy altos.

En caso de existir cirrosis todas las enzimas están aumentadas, además de la bilirrubina. Esto suele acompañarse de alteraciones de la coagulación (coagulopatía) y un descenso de plaquetas (trombopenia). En función de la severidad del cuadro pueden aparecer más alteraciones relacionadas con factores nutricionales y daño renal entre otras.

Pruebas de imagen

Nos sirven para detectar la presencia de grasa en el hígado, pero no valoran la existencia de inflamación salvo en etapas avanzadas como la cirrosis. De inicio la ecografía abdominal suele ser suficiente para llegar al diagnóstico, aunque en pacientes muy obesos puede ser complicado hacer una correcta valoración. También se pueden usar el escáner (TAC) o la resonancia magnética.

En la ecografía es característico que se vea en hígado brillante o hiperecoico. En caso de existir cirrosis o fibrosis avanzada se pueden ver alteraciones en el contorno, siendo abultado en vez de liso.

Ecografia higado graso

Fibroscan (elastografía hepática)

En este procedimiento se utiliza una sonda que emite desde la superficie de la piel pequeñas ondas de ultrasonidos hacia el hígado, recogiendo datos sobre su velocidad de propagación por el tejido. Esta información nos sirve para establecer el grado de fibrosis hepática, evitando así tener que tomar muestras hepáticas mediante una biopsia.

Para hacer la prueba se le pedirá que se tumbe en una camilla con el brazo derecho estirado y colocado detrás de la cabeza. A continuación se elige un punto para hacer el estudio y se aplica gel sobre este. Para dar por buena la prueba necesitamos un mínimo de 10 mediciones válidas.

Tiene la ventaja de que es una prueba rápida e indolora, obteniendo el resultado en el mismo momento en que se realiza. Además se puede hacer a casi cualquier paciente, incluidos los obesos, gracias a sondas especiales conocidas como XL.

Fibroscan higado graso

Biopsia hepática

La toma de muestras hepáticas mediante una biopsia sería el último recurso en caso de que no tengamos claro el diagnóstico. También se emplea esta técnica cuando la enfermedad evoluciona de forma inesperada o si queremos descartar la presencia de inflamación (esteatohepatitis).

El objetivo en el caso del hígado graso es valorar la presencia de grasa, inflamación y fibrosis. Sin embargo, a medida que la enfermedad avanza hacia la cirrosis puede ser difícil identificar estos últimos.

Dado que es una prueba invasiva, dolorosa y que puede tener complicaciones, es necesario seleccionar muy bien los casos en los que se debe realizar.

Biopsia

Tratamiento de la enfermedad por hígado graso

El principal objetivo es evitar que la enfermedad por hígado graso progrese; de hecho lo ideal es intentar que retroceda. Conociendo las causas que favorecen el desarrollo de este trastorno, parece fácil establecer una pauta de tratamiento. Teniendo en cuenta que su aparición se relaciona con nuestro estilo de vida… ¡efectivamente!, tocan dieta y ejercicio.

Como medida general también debemos recomendar a todos estos pacientes evitar el consumo abusivo de alcohol. Además, si tienen otras enfermedades relacionadas con el hígado graso como hipertensión arterial, dislipemia o diabetes, será fundamental llevar un buen control de las mismas y tomar medicación si es necesario.

Cambios del estilo de vida

En la mayoría de los casos suele ser suficiente con ajustar la dieta, hacer algo de ejercicio y perder peso. De hecho esta última es una de las medidas más importantes en pacientes que tienen sobrepeso u obesidad. Para conocer si estamos o no en esta situación debemos calcular nuestro índice de masa corporal mediante la siguiente fórmula: peso (Kg) / talla (m2). Si es mayor de 25 tendremos sobrepeso y si es mayor de 30 obesidad.

Perder peso higado graso

Recomendamos perder peso de forma progresiva, con el objetivo de perder un 5 – 7% del total, a un ritmo de 0,5 – 1 Kg por semana. Si a pesar de esto no mejora la analítica hepática es posible que la pérdida deba ser mayor. Por el contrario, si pasados 6 meses el paciente no consigue perder peso podría ser necesario recurrir a la cirugía bariátrica.

En cuanto a la dieta se considera que debe ser hipocalórica, debiendo disminuir la ingesta de calorías un 30% al día (500 – 1000 kcal menos). Además parece que la dieta mediterránea es la que más beneficios aporta.

Por último, es aconsejable realizar ejercicio de forma regular, al menos entre 60 – 150 minutos por semana.

Con estas medidas no solo mejora el hígado, sino que tendremos menor probabilidad de desarrollar hipertensión arterial o diabetes. Por otro lado, si ya estaban presentes, es muy probable que se controlen mejor o incluso lleguen a desaparecer. De esta forma disminuimos el riesgo cardiovascular, recordando que es la principal causa de mortalidad en esta enfermedad. 

Vitamina E

Se puede plantear en pacientes que no mejoran con las medidas generales y tienen fibrosis, usando una dosis diaria de 800 unidades internacionales. Parece que el beneficio que se consigue está relacionado con sus propiedades antioxidantes.

No ha demostrado beneficio en pacientes diabéticos o con cirrosis. También debería evitarse en pacientes con antecedentes personales o familiares de cáncer de próstata, puesto que parece que puede aumentar el riesgo.

Trasplante hepático en la enfermedad por hígado graso

Actualmente, la enfermedad por hígado graso se ha convertido en la segunda causa más frecuente de trasplante hepático por detrás de las hepatitis, aunque es probable que en el futuro se convierta en la causa principal.

Debemos plantearlo en pacientes en los que la enfermedad está muy avanzada y han desarrollado una cirrosis que no mejora a pesar de los tratamientos, o si aparece cáncer de hígado.

En cualquier caso el paciente debe cumplir los requisitos de inclusión de la lista de trasplante, prestando especial atención al estudio de enfermedades cardiovasculares, por lo que esta opción no siempre es posible.

Nuestro consejo frente al hígado graso

Hoy más que nunca tenemos que cuidarnos. Es fundamental seguir unos hábitos saludables, llevar una dieta lo más sana y equilibrada posible, evitando los excesos y la sobrealimentación. Además, si somos capaces de realizar de forma periódica algo de ejercicio, aunque sea caminar, estaremos logrando la fórmula perfecta.

Evitar la nueva pandemia de este siglo está en nuestras manos.

Fuentes

Nonalcoholic Steatohepatitis: A Review. Journal of the American Medical Association. Marzo 2020.

Standardization of Diet and Exercise in Clinical Trials of NAFLD-NASH: Recommendations from the Liver Forum. Journal of Hepatology. Abril 2020.

The Diagnosis and Management of Nonalcoholic Fatty Liver Disease: Practice Guidance From the American Association for the Study of Liver Diseases. Hepatology. Julio 2017.

Global burden of NAFLD and NASH: trends, predictions, risk factors and prevention. Nature. Septiembre 2017.

Nonalcoholic fatty liver disease and liver transplantation – Where do we stand? World Journal of Gastroenterology. Abril 2018.

Adherence to a plant-based, high-fibre dietary pattern is related to regression of non-alcoholic fatty liver disease in an elderly population. European Journal of Epidemiology. Abril 2020.

Si te ha resultado interesante puedes compartir el contenido

Suscríbete a las noticias del blog

Responsable: Rodrigo Borobia Sánchez
Finalidad: los datos nos sirven para enviar la newsletter
Legitimación: tu consentimiento
Destinatarios: tus datos los guardará Mailchimp, nuestro proveedor de email marketing, que está acogido al acuerdo de seguridad EU-US Privacy
Derechos: tendrás derecho de acceso, rectificación y supresión

Deja un comentario