Angiodisplasias. Características, origen y manejo

Seguramente la palabra angiodisplasias no significa nada especial para la mayoría de vosotros. Incluso puede ser difícil relacionarla con alguna zona del cuerpo o con los problemas que provoca. Sin embargo, la primera pista la encontramos al comienzo del término, el prefijo angio, que se emplea en la formación de expresiones relacionadas con los vasos. Por lo tanto, en este caso en concreto, traduce el acúmulo de vasos sanguíneos que pueden aparecer en cualquier parte de nuestro cuerpo. A pesar de esto, resulta curioso que su localización más frecuente suela ser el sistema digestivo. De hecho, son las lesiones vasculares que encontramos con mayor frecuencia a este nivel.

Angiodisplasias

En general no causan ningún tipo de síntomas, aunque pueden provocar pequeñas pérdidas de sangre que dan lugar a la aparición de anemia e incluso ser responsables de hemorragias significativas.

Puesto que es un hallazgo relativamente común en las pruebas endoscópicas, consideramos que puede ser interesante compartir algo de información sobre ellas. También queremos aprovechar para profundizar en las opciones de tratamiento, utilizando algún ejemplo que creemos que os va a resultar muy interesante.

¿Qué es una angiodisplasia?

Las angiodisplasias son pequeñas malformaciones de vasos sanguíneos que se caracterizan por estar dilatados, con una pared adelgazada y por lo tanto frágil. También se pueden llamar ectasia vascular o angiectasia dependiendo de su localización, aunque a efectos prácticos son la misma lesión. Dentro del sistema digestivo es típico que las encontremos en el colon, en concreto en su parte derecha (ciego y colon ascendente). Aquí su tamaño puede ser mayor de 1cm, mientras que en el intestino delgado y en el estómago son milimétricas.

Aparecen con mayor frecuencia a partir los 60 años y se estima que las puede presentar hasta un 0,8% de la población. Dentro de estos entre un 40 – 60% tendrán más de una angiodisplasia, generalmente en la misma región anatómica.

Angiodisplasia pequeña

¿Por qué aparecen las angiodisplasias?

El mecanismo por el que se producen las angiodisplasias no está claro, aunque se han relacionado con la obstrucción intermitente de los vasos sanguíneos más pequeños en las zonas en las que se desarrollan, favoreciendo la aparición de nuevos vasos alrededor de estos para que la sangre pueda pasar. También se han asociado con varias enfermedades en las que se ha visto que existe un mayor riesgo de presentarlas.

  • Estenosis aórtica: es una estrechez de la válvula cardiaca por la que sale la aorta, dificultando el paso de la sangre por ella. En este caso la mayoría de los pacientes mejoran al sustituir la válvula.  
  • Enfermedad renal avanzada: se desconoce porque son más frecuentes en estos pacientes. Una posible explicación sería que simplemente se detectan más en ellos al tener mayor riesgo de sangrado respecto a la población sana.
  • Enfermedad de von Willebrand: se trata de una enfermedad que afecta a la coagulación de la sangre y aumenta el riesgo de hemorragias. De forma similar al caso anterior, es probable que no sean más frecuentes en estos pacientes sino que al sangrar más también se detecten con mayor frecuencia.
Desarrollo angiodisplasias

¿Qué síntomas producen las angiodisplasias?

Como decíamos al principio, es frecuente que las angiodisplasias no provoquen ningún síntoma y sean un hallazgo casual en las exploraciones solicitadas por otros motivos. El principal riesgo está relacionado con la fragilidad de sus paredes, que pueden romperse por el roce o por aumentos de presión. Esto provoca pequeñas pérdidas de sangre que normalmente no se ven en las heces, generando anemia.

En ocasiones si el sangrado es de mayor cuantía es probable que la sangre aparezca en las heces. Si se ha producido en la parte suprior del tubo digestivo las heces serán pastosas y de color negruzco (melenas), mientras que si procede de la parte inferior serán de color morado o rojo (hematoquecia).

¿Cómo se diagnostican las angiodisplasias?

Es típico que las angiodisplasias se diagnostiquen durante el estudio de la anemia o de una hemorragia digestiva aguda. Además, también es frecuente que se descubran de forma accidental al hacer pruebas por otras enfermedades. Distinguimos las siguientes opciones.

Endoscopia

La principal vía de diagnóstico suele ser la endoscópica, puesto que entra dentro de las pruebas iniciales que se deben valorar ante un cuadro de anemia o hemorragia. Dentro de estas tenemos las siguientes:

  • Gastroscopia: nos serviría para detectar angiodisplasias en el estómago o en el duodeno.
  • Colonoscopia: es la que tiene mayor rendimiento, puesto que la localización más frecuente de estas lesiones es en el colon derecho.
Angiodisplasia ciego
  • Cápsula endoscópica: es un pequeño comprimido que se traga y va grabando el interior del tubo digestivo. En este caso es útil para estudiar el intestino delgado.
Capsula endoscopica
  • Enteroscopia: emplea un tubo más largo para alcanzar zonas lejanas del intestino delgado ya sea por vía anal u oral. Su utilidad en este caso es similar a la de la cápsula con la diferencia de que nos sirve también para poder realizar tratamientos.

Radiológia

Se pueden emplear el escáner (TAC) o la resonancia magnética, aunque su utilidad real queda limitada a situaciones urgentes en el contexto de una hemorragia. De hecho la rentabilidad de estas pruebas es mucho mayor si el sangrado está activo, puesto que es más fácil localizarlo.

Endoscopia intraoperatoria

La endoscopia intraoperatoria sería la última opción en aquellos casos en los que exista una hemorragia agua que pueda poner en riesgo la vida del paciente. Se realiza cuando no se ha logrado localizar el sangrado y se sospecha que puede tener su origen en el intestino delgado. Consiste en abrir el abdomen para alcanzar las asas de delgado, creando en un punto intermedio un pequeño orificio por el que se introduce un colonoscopio para ir revisando toda la mucosa en busca de una posible lesión.

¿Cómo se tratan las angiodisplasias?

Antes de plantearnos realizar algún tratamiento debemos valorar la necesidad del mismo, puesto que en muchos casos las angiodisplasias no dan síntomas. Por ejemplo, en las que detectamos accidentalmente en un estudio programado por causas distintas a la anemia no será necesario hacer nada. Por el contrario, si existen pérdidas de sangre, ya sean en un contexto agudo o crónico, será necesario tratarlas.

Dentro de las opciones terapéuticas de las que disponemos, las que se utilizan con mayor frecuencia por sencillez y seguridad son las endoscópicas. Por último, hay que tener en cuenta que las angiodisplasias del intestino delgado pueden volver a sangrar hasta en el 45% de los casos tras el tratamiento endoscópico, siendo más raro en otras localizaciones.

Tratamiento endoscópico de las angiodisplasias

  • Coagulación con argón plasma: es la técnica que empleamos con mayor frecuencia y la que tiene una tasa de éxito más elevada. Consiste en la aplicación de energía eléctrica de alta frecuencia que se transmite al tejido por medio de gas argón ionizado, generando una quemadura superficial. Dicho así, puede parecer algo confuso, por lo que en el siguiente video os mostramos un ejemplo práctico que lo deja más claro. En general es un tratamiento seguro, rápido y relativamente sencillo de aplicar.
  • Electrocoagulación: en este caso la corriente se aplica utilizando una pinza cerrada o la punta de un asa de polipectomía entre otros. Se podría valorar su uso en caso de no disponer del tratamiento con argón.
  • Otras opciones: las técnicas anteriores se pueden complementar con el uso de clips metálicos, que ejercen una acción compresiva, o con la inyección de sustancias vasconstrictoras. Estos se emplean sobre todo en hemorragias que no se controlan con otros medios.

Tratamiento radiológico

Se utiliza en casos de hemorragia severa que precisa un tratamiento urgente sin que la situación clínica del paciente nos permita prepararlo para una endoscopia. Es muy útil en aquellos que no son candidatos a cirugía o como paso previo a esta para intentar evitarla.

Radiologia intervencionista

Es necesario que previamente se haya localizado el punto de sangrado mediante técnicas de imagen. El procedimiento lo realiza un radiólogo intervencionista y el objetivo es alcanzar esta zona para aplicar sustancias vasoconstrictoras o embolizar el vaso (es decir, bloquear la circulación en ese punto).

Cirugía

La cirugía sería la última opción cuando han fallado los otros tratamientos. En este caso también es fundamental haber localizado la zona exacta donde se está produciendo el sangrado. Tiene utilidad en hemorragias agudas o en pacientes con pérdidas crónicas que requieren transfusiones de sangre periódicas.

Tratamiento farmacológico

Octeotrido: en distintos estudios ha demostrado ser un tratamiento efectivo para las angiodisplasias. Actúa disminuyendo el riesgo de hemorragia y las necesidades de transfusión. Se recomienda utilizarlo en pacientes que tienen sangrados de repetición o lesiones con difícil acceso por otras técnicas.

Nuestro consejo

En general las angiodisplasias no deberían preocuparnos. Lo más frecuente es que su hallazgo sea causal y no provoquen ningún síntoma. Únicamente habrá que tenerlas en cuenta en caso de anemia o hemorragia digestiva, pudiendo tratarse habitualmente por vía endoscópica de forma sencilla.

Fuentes

Management of Gastrointestinal Angiodysplastic Lesions (GIADs): A Systematic Review and Meta-Analysis. The American Journal of Gastroenterology. Abril 2014.

A Not-So-Obscure Cause of Gastrointestinal Bleeding. The New England Journal of Medicine. Febrero 2015.

Long‐acting somatostatin analogues decrease blood transfusion requirements in patients with refractory gastrointestinal bleeding associated with angiodysplasia. Alimentary Pharmacology and Therapeutics. Julio 2012.

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